Lo sé. Estoy segura de que a veces casco unos títulos que os dejan desconcertados.
Pero impulsiva que es una, este es el primero que ha venido a mi cabecita loca. Seguid leyendo, queridos seguidores y pronto comprenderéis...
Culo veo culo quiero. Esta es la frase que mejor puede describir mi comportamiento consumista ante lo que mis ojos ven día tras día.
Cuando blogueo: ropa. Uf, me encanta ese vestido. Ah, mira, es de Zara. Tal vez me pase...
Cuando veo la televisión: colonias, maquillaje, películas, comida, coches... Guauuu. Quiero ese pelo tan sedoso que se le queda a la Carbo con ese champú. ¡Mmmm, tableta de chocolate! Quiero un trozo. YA.
Cuando quedo con mis amigas: un iPhone. Tía, es que mi móvil es una mierda. Tarda mucho en entrar al Facebook. Ay, pues píllate un iPhone. Yo estoy encantada. No sé cómo podía vivir antes sin él.
Y una no es inmune, amigos. Yo intento luchar. Intento que no me afecte lo que quieren que me entre por los ojos. Intento comprar menos ropa, no adquirir ese producto que no me hace falta pero que deseo profundamente.
A veces no da resultado. Esto es lo que me pasó hace un mes, cuando de repente un día me levanté queriendo tener un iPhone. Sentía una enorme necesidad. Pregunté a quien ya disfrutaba de él cómo hizo para conseguirlo, busqué ofertas en Internet, terminé llamando a mi propia compañía. Y así lo expuse: ¡lo quiero! ¿Ah, sí?- me contestaron. Pues nos tendrás que abonar casi quinientos euros, querida. Hasta ahí llegué. Se ve que tenía ganas, pero estas no costaban tanto dinero. No me quedó más remedio entonces que pensarlo bien (cosa que reconozco no había hecho antes). Y lo que más me repetía era: ¿PA QUÉ?
Pues eso. Pa qué.
Ironías de la vida. Ahora y después de todo este rollo contra el consumismo, os dejo con unas fotos y después escribo en qué tiendas podéis gastaros el dinero para conseguir el mismo vestido o iguales collares. Pues no. No voy a ponerlo. Que tan sólo os sirva de inspiración, seguro que algo parecido tenéis. Y si aún así no podéis resistir ese sentimiento consumista y necesitáis saberlo o incluso comprarlo, preguntadme. Qué se le va a hacer. Os entiendo.
¡Besos para todos!
Pero impulsiva que es una, este es el primero que ha venido a mi cabecita loca. Seguid leyendo, queridos seguidores y pronto comprenderéis...
Culo veo culo quiero. Esta es la frase que mejor puede describir mi comportamiento consumista ante lo que mis ojos ven día tras día.
Cuando blogueo: ropa. Uf, me encanta ese vestido. Ah, mira, es de Zara. Tal vez me pase...
Cuando veo la televisión: colonias, maquillaje, películas, comida, coches... Guauuu. Quiero ese pelo tan sedoso que se le queda a la Carbo con ese champú. ¡Mmmm, tableta de chocolate! Quiero un trozo. YA.
Cuando quedo con mis amigas: un iPhone. Tía, es que mi móvil es una mierda. Tarda mucho en entrar al Facebook. Ay, pues píllate un iPhone. Yo estoy encantada. No sé cómo podía vivir antes sin él.
Y una no es inmune, amigos. Yo intento luchar. Intento que no me afecte lo que quieren que me entre por los ojos. Intento comprar menos ropa, no adquirir ese producto que no me hace falta pero que deseo profundamente.
A veces no da resultado. Esto es lo que me pasó hace un mes, cuando de repente un día me levanté queriendo tener un iPhone. Sentía una enorme necesidad. Pregunté a quien ya disfrutaba de él cómo hizo para conseguirlo, busqué ofertas en Internet, terminé llamando a mi propia compañía. Y así lo expuse: ¡lo quiero! ¿Ah, sí?- me contestaron. Pues nos tendrás que abonar casi quinientos euros, querida. Hasta ahí llegué. Se ve que tenía ganas, pero estas no costaban tanto dinero. No me quedó más remedio entonces que pensarlo bien (cosa que reconozco no había hecho antes). Y lo que más me repetía era: ¿PA QUÉ?
Pues eso. Pa qué.
Ironías de la vida. Ahora y después de todo este rollo contra el consumismo, os dejo con unas fotos y después escribo en qué tiendas podéis gastaros el dinero para conseguir el mismo vestido o iguales collares. Pues no. No voy a ponerlo. Que tan sólo os sirva de inspiración, seguro que algo parecido tenéis. Y si aún así no podéis resistir ese sentimiento consumista y necesitáis saberlo o incluso comprarlo, preguntadme. Qué se le va a hacer. Os entiendo.
¡Besos para todos!












