Cuando era pequeña, tenía una carpeta repleta de cartas de olor (bofetada de melancolía). En cada sección de esta carpeta, mis amigas me habían escrito decenas de dedicatorias. Teníamos unos ocho años y algunas de ellas ni las entendíamos. Las copiábamos de otras carpetas aún más antiguas de nuestros hermanos, primos o a saber quién. Algunas de ellas las recuerdo muy bien, otras no tanto. Es por eso que me ha dado por buscar en Internet algunas de estas "originales" rimas para refrescar la memoria. La cosa es... ¡que siguen siendo exactamente las mismas!
¿Hacemos la prueba? Me juego un pie a que al menos una vez os han escrito esto...
"Si un día te levantas y no ves nada, deja de hacer el gilipollas y levanta la persiana".
Jaja. Me parto.
"El bosque es de todos, ¡quema tu parte!".
Madre mía.
"Soñé que me amabas, soñé que me querías y me caí de la cama por soñar tonterías".
Por-fa-vor.
"No desayuno porque pienso en ti
No como porque pienso en ti
No ceno porque pienso en ti
Y no duermo porque tengo hambre".
No como porque pienso en ti
No ceno porque pienso en ti
Y no duermo porque tengo hambre".
Más vieja que Matusalén.
"Si un rubio te pide un beso y un moreno el corazón, no desprecies al moreno por un rubio besucón".
Mitiquísima. Y una chorrada como un piano, también.
"Si alguna vez navegas por el ancho mar de la vida, acuérdate que tienes un puerto en el corazón de tu amiga".
My god. La mayoría eran más cursis incluso que los ositos de las cartas de olor que contenía dicha carpeta. Como por ejemplo...
"No te fijes en la letra, ni tampoco en la escritura, fíjate en esta amiga que te quiere con locura".
Pues eso. La ñoñería en su estado más puro.
"Vivan las locas, ¡qué somos pocas!".
Oyoyoy. Qué malotas y rebeldes.
"Digan lo que digan, los pelos del culo abrigan".
Tremenda. He estado dudando si ponerla o no, reconózcolo. Pero qué demonios, esta era una de mis preferidas, que lo sepáis.
"Odiar a alguien es otorgarle demasiada importancia".
Una dedicatoria muy apropiada para una chavalina de ocho años, ajá.
Precisamente ayer me vino a la cabeza esta última. Estaba viendo Saber y Ganar (uno de mis programas de la TV favoritos ever) y... sí, supongo que os preguntaréis cómo pude ponerme a recordar esto del odio y su importancia mientras disfrutaba con Jordi, Juanjo y cía. La respuesta os la daré con un solo nombre: PILAR. Esa mujer que cada día aparece con dos o tres modelitos (todos ellos horteroides hasta el extremo) y nos explica temas culturetas varios. A veces, hasta se desplaza a algún lugar de la geografía española para aparecer sonriendo detrás de un arbolito o mirando el altar de una iglesia. La cosa es que, no sé qué me ha hecho exactamente Pilar, pero no la puedo ni ver.
Ojo, que yo no odio a esta pobre mujer. Simplemente pensé en hablaros de ella y entonces me acordé de esa frasecita y después aparecieron las cartas de olor. Y voilá: ya tenía el tema de este post. No os preocupéis, que también viene con look:)
(tremendo momentazo de Saber y Ganar)







