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jueves, 22 de noviembre de 2012

nosotras... y SÚCUBO!!

Antes de empezar, quería daros las gracias a todos los que me felicitasteis en el post anterior:) ¡Me hizo mucha ilusión!

Una vez dicho esto, hablemos de súcubos.
¿Lo cualo? ¿Súcubo? ¿De qué hablas, démodé?
Que no cunda el pánico. Exactamente así reaccioné yo el otro día cuando vi esta palabra.

Pero empecemos por el principio.

Desde que tengo mi esmarfon nuevo, por fin puedo disfrutar de juegos como Apalabrados y Angry Birds. Quien dice disfrutar dice también, qué se yo... engancharse, por ejemplo.
La cosa es que estaba jugando con un amiguete a Apalabrados (eso que de toda la vida se ha conocido en casa de mis abuelos como Intelect y en otros países como Scrabble) y de repente me cascó un palabro que no había oído, o eso pensaba yo, en toda mi vida.
Efectivamente, avispados lectores. Esa palabreja era precisamente SÚCUBO.
Al menos mi colega tuvo la decencia de explicarse y no dejarme to loca en mi ignorancia (porque sí, lo hubiese buscado en wikipedia, pero fue un detalle que agradecí).
Me escribió lo siguiente: "Quién me iba a decir a mí, que ver Embrujadas serviría para algo".
Resulta que un súcubo es una especie de demonio que adquiere forma de mujer atractiva para engatusar a los hombres...
Contándole luego esta anécdota a otros amigos míos (al parecer esto del súcubo me resultó fascinante y no paro de explicárselo a todo el mundo), uno de ellos conocía perfectamente este término, aunque no por seguir las aventuras de las hermanas Halliwell, eso sí.

Dejando al margen lo discutible de haber visto una serie como Embrujadas (a mí me gustaba, reconózcolo), todo esto me dio que pensar.
Y es que, amigos, hay que ver la cantidad de cosas que aprendemos de manera indirecta con las películas, los libros, la televisión... Obviamente, por mucho que uno mire y remire Gandía Shore todas las semanas dudo que se adquiera algún conocimiento de provecho (mas vete a saber). Pero vosotros ya me entendéis.

Cuando conocí a mi novio, una de las cosas que me gustaban de él es lo mucho que a mí me parecía que sabía de casi todo.
Con el tiempo descubrí el pastel. Estos vastos conocimientos se los debía... ¡¡al deporte!! Años y años sentado en el sofá viendo basket, fútbol americano, béisbol, atletismo y a saber qué más le habían servido para dominar la geografía e incluso la historia de muchos de los países en los que se celebraban estas competiciones deportivas. Qué cosas...


El día que me hice estas fotos, entre instantánea e instantánea jugaba a Apalabrados. No me miréis así. ¿Por qué creéis que lo hago? Para aprender, claro que sí.


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¡Besos para todos!
Y permanecer muuuy atentos: en el próximo post, ¡SORTEO!
 
 
 
 
(Shannen Doherty, qué grande)
 

martes, 23 de octubre de 2012

nosotras... y SABER VENDER!!

Estoy esperando un móvil nuevo.
Ya sabéis cómo funciona esto: pasan unos meses, acumulas puntos y renuevas el contrato con tu compañía y ellos te dan un telefonete por un "módico" precio. A veces, en vez de renovar, te cambias a otra compañía y así puede que consigas mejores ofertas. Pero yo no estoy hecha de esa pasta. Tengo amigos que miran y remiran, aquí y allá, para ver si así consiguen un aparatejo mejor. Yo, o no tengo tanto interés por los móviles o soy demasiado perezosa para negociar. Seguro que es lo primero, porque a mí, cuando algo se me pone entre ceja y ceja no soy vaga para nada.

El caso es que pronto me llegará mi nuevo cacharrito.
El renove lo hice hablando por teléfono con una operadora. Sí, esas que tanto os oigo criticar, haciendo muchas veces referencia a su país de procedencia.
He de decir que la mujer que me atendió fue amabilísima. Me explicó todo con total sinceridad (opinaba lo mismo que yo en este post, por cierto), siendo extremadamente agradable y cercana. Terminé súper satisfecha. Hasta lástima me dio que no me pusieran una de esas encuestas finales que en ocasiones te colocan tras la llamada a atención al cliente de turno. Hubiera hablado de ella maravillas.

Qué importante es saber vender, amigos. Con el paso de los años, cada vez me influye más cómo me atienden en un sitio cuando voy a comprar algo.
Os contaré un caso opuesto al de la simpaticota operadora.
Hay una pastelería en mi barrio que me encantaba. Allí compraba el pan, unas palmeritas de bollo que estaban (y supongo que seguirán estando) deliciosas y en definitiva, cualquier cosa que se me antojara al ver la repleta vitrina.
Nunca me habían tratado excesivamente bien. Se portaban conmigo de forma correcta, pero sin más. Hubiese preferido algo más de cordialidad, pero bueno, me conformaba con esa corrección. Cuando yo no llevaba el importe en monedas sueltas, solían ponerme malas caras. Y yo lo entendía, porque es cierto que en las tiendas pequeñas en las que se pagan pequeñas cantidades a veces tienen ese problema.
Pero un día me cansé. Estaba ya pelín harta de tanta protesta y cuando entregué un billete de 20 euros para pagar varias cosas, me dije a mí misma que sería la última vez que entraba en esa pastelería. Era una buena clienta y no me merecía que me echasen broncas como a una quinceañera que vuelve a casa demasiado tarde. Poniéndonos en plan tiquismiquis, os diré que yo he trabajado en una papelería de barrio y una de mis tareas era acercarme al banco más cercano a pedir cambios cuando estos eran escasos.
Me fastidia por las palmeritas, pero seguiré en mis trece, faltaría más.

Un sitio en el que me atendieron con una sonrisa de oreja a oreja fue American Eagle, en Nueva York. Cuidao, que me preguntaron hasta por mi nombre para luego decirlo cada vez que se dirigían a mí. Lo agradecí tanto que me llevé unos vaqueros, por supuesto. Y porque me quedan de muerte, para qué engañarnos;) Este es el día que me los compré:












Bailarinas y camisa: tienda de NY de cuyo nombre sí quiero acordarme, pero no puedo
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