Ahora que lo pienso. Qué pocos concursos he ganado a lo largo de mi vida.
Solo recuerdo dos, y ambos fueron en el colegio. Se ve que de más mayor perdí toda creatividad posible o ni siquiera me presenté a alguna clase de competición.
El primero fue un concurso de dibujo.
En mi cole teníamos una revista/periódico llamada 'El Desván' y en cada entrega la portada estaba realizada por algún alumno, escogida entre cuatro o cinco propuestas.
A pesar de mi nula destreza con el dibujo, me dio por probar suerte un día.
Tracé como pude un paisaje, con lago y barquita incluidos.
He de reconocer que me inspiré en un puzzle que había hecho meses atrás, pero no era exactamente el mismo. Me gustaba y lo quise reproducir, sin más.
Y resulta que terminó siendo el escogido.
¿Sorpresón? No mucho.
Ya me conocía yo bien a los encargados de elegir portada. Más bien ñoñetes, segura estaba yo de que les gustaría mi dibujo de aire bucólico.
El segundo sí me pilló desprevenida.
Este concurso consistía en proponer un eslogan sobre la lectura.
No recuerdo exactamente el motivo, pero creo que en mi colegio iban a celebrarse una especie de jornadas sobre este tema, de ahí que se nos animara a soltar una frasecica ingeniosa.
Yo no sabía qué demonios era eso de un eslogan y además me encontraba algo desganada aquella mañana, de eso sí me acuerdo bien (vete a saber porqué estaría desganada una niña de nueve años).
Cuando me explicaron qué pretendían con eso del eslogan, apunté en una papeleta lo primero que se me vino a la cabeza. Al llegar a casa ni siquiera se lo conté a mis padres (y ojo, que yo era una de esas niñas repelentes que lo contaba todo). Así que cuando finalmente se me declaró vencedora unos días más tarde en el colegio y ya sí se lo comenté, se pusieron los tíos tope orgullosos.
Yo no lo entendía muy bien, pero incluso los profesores me felicitaron por mi gran acierto y originalidad.
Aun hoy me sigue pareciendo desmesurado todo aquello. Es más. Seguro que al teclearlo en Google aparece en miles de sitios como una frase normalucha y nada destacable que puede decir cualquiera.
Calla. Si ni siquiera os he dicho el dichoso eslogan.
"Leer es vivir"
De todo aquello saqué dos libros de regalo (y esto sí me hizo ilusión porque yo, cuando era pequeñaja, leía decenas de libros cada año), una simpaticota anécdota que suelo recordar con mis padres y el post que acaba de salir ahora mismo;)
Pues oye. Menos da una piedra.
¿Y por qué os cuento todo esto?
Porque os enseño hoy el look que llevé para asistir a la Feria del Libro que está estos días celebrándose aquí en El Retiro.
Y porque aquel eslogan "inventado" por mi de niña no es tan tontito.
La lectura es una de las cosas que mejores momentos me ha hecho pasar.
Hay historias en los libros que me han hecho reir y llorar a la vez, imaginarme en lugares increíbles que en la realidad no existen o verme como una detective intrépida que resuelve misteriosos casos de asesinato.
¿Y acaso no es todo esto vivir?
PD: Porque ya lo decía Cervantes (que una buena chica démodé también debe ponerse gafopasta a veces, ya lo sabéis):
"Los libros son necesarios para honesto pasatiempo, no solamente de los ociosos, si no de los más ocupados, pues no es posible que esté continuo el arco armado, ni la condición y flaqueza humana se pueda sustentar sin alguna lícita recreación"
Pues eso.
PD (otra vez): Y si os habéis quedado con más ganas de leer sommes-post sobre la lectura, basta con que pinchéis AQUÍ. Os saldrán todos bien juntitos y uno detrás de otro;)
PD (otra vez más): Gracias por todos vuestros comentarios del post anterior. Ya me habéis hecho un poquito más feliz... como los libros;)
¡Besos para todos!











