¡Feliz día de Reyes, amigos!
¿Muchos regalos? ¿Empacho de roscón quizás?
Ahora que sale a relucir el tema del roscón. Pues que no es a mí un dulce que me motive mucho, fijaté. Y eso que yo soy, como en mi tierra se dice, muy laminera.
Pasteles, tartas, chocolatinas, natillas, galletas, croissants, palmeritas, gofres,... todo. Algunos me gustan más que otros, pero en general, adoro los dulzainos.
Hubo una época en la que las chuches me volvían loca. Ojo, hablo de las gominolas, no de ese grupo musical compuesto por aquel trío de chiquillas jóvenes (tremenda su colaboración con Junior... ¿qué fue de este peculiar tipejo?).
Mis preferidas eran las siguientes:
1 - Algunos las llamáis nubes, pero yo los denomino jamones. Lo que desconozco es de dónde demonios viene este nombre. ¡¿Jamones?! WTF. En fin, qué más da eso, un manjar para mi paladar igualmente son.
2 - Ay qué ricos los platanillos con sidral. Con ese intenso color amarillo que a saber cómo logran conseguir (mejor no averiguarlo).
3 - Para mí, toda la vida han sido tiburones. Pero cuando he buscado por Internet la foto hace un rato (que ya sabéis que yo realizo un arduo trabajo de investigación previo), me he encontrado con que se llaman orcas.
¿¡Orcas!? Qué engañados habéis estado todo este tiempo. ¡Son tiburones, está claro! Eso de que sean blancas y negras es... bah, una tontería.
4 - Mmmmm. Moras. Al principio me decanté por las rojas. Luego, por las negras.
Pero creo que en realidad ambas saben igual. ¿O tal vez no?
5 - Chicles Bubbaloo. Qué jodíos. El sabor desaparecía a los dos segundos.
Pero eso no importaba, porque... ¡tenía un apetitoso relleno líquido!
6 - Labios, blanditos y sabrosos. Mmmm.
¡Eh! Guarros. No había pizca de lujuria en mi descripción.
Esto no ha terminado aún, tengo que confesaros algo más:
He dejado mi súpermegahíperfavorito para el final.
La chuchería que yo amaré eternamente...es, tachán, tachán...
EL CHICLE DE MELÓN
Durante toda mi adolescencia, siempre llevé encima una gran cantidad de estos chicles. Iba sustituyendo uno tras otro cuando el anterior perdía el sabor. Siempre digo orgullosa que yo nunca he fumado. Ahora que lo pienso, tal vez sufría una adicción mayor.
El caso es que hubo un momento en que, no sé exactamente por qué, el formato de los melones cambió. Pasaron a ser de otro estilo, más enclenques y sin sidral en su interior. Decidme que no estoy loca, decime que vosotros también os disteis cuenta de esto:
Dejemos este trauma que tengo con los melones a un lado.
Os desvelaré por fin la razón de escribir este post.
Otras míticas gomilonas son las culpables.
Las cantimploras:
El viernes pasado fui a tomar algo con unos amigos a un bar. En medio de la mesa en que nos sentamos yacía una de estas cantimploras. Estaba vacía, dejada probablemente por los que allí se habían sentado anteriormente, pero la reconocí ipso-facto. ¡Era una de esas "cosas" que yo tomaba de vez en cuando en mi época de chucherópata!
Este es el modelito que llevaba ese día. Espero que os guste, tanto como a mí las gominolas (por si no ha quedado claro ya) ;)
¡Besos para todos!