Debería hacer una lista de todas las cosas que he empezado a lo largo de mi vida y no he terminado.
Probablemente me cansaría de hacer esta lista y también la dejaría inacabada.
En ella figurarían múltiples actividades extraescolares que comencé de pequeña y no llegaron a buen puerto (ni a malo, simplemente a ninguno). Futbito, basket, ballet, tenis, atletismo, música... Podríamos decir que, a parte de que no estoy especialmente dotada para los deportes, es normal que estas cosas terminen quedando en el olvido como meras aficiones momentáneas. Nunca me apasionó ninguna de ellas. Sí un poco al principio. Luego ese interés inicial fue desapareciendo.
Algo que me molesta especialmente es dejar los libros a medias. Al menos puedo presumir de que no me pasa demasiado. No obstante, cuento en mi historial con algunos vergonzantes abandonos. Varios de ellos, para más inri, han sido regalos. Creo que toda mi vida tendré que soportar a mi padre echándome en cara el poco caso que le hice a "El nombre de la rosa". Lo he comenzado a leer tres veces, todas ellas sin éxito. O aguantar cómo mi novio devora antes que yo esos libros con los que me ha obsequiado y yo he ignorado durante meses.
Me gusta escribir (por si no os habíais dado cuenta). Muchas veces he iniciado algunos relatillos o diarios de viaje. Me entusiasman cuando escribo las primeras hojas, pero más tarde... se esfuma esa ilusión y me da pereza. La última vez que ocurrió fue en mi aventura neoyorquina. Llevé una libretita muy mona en la que apuntaba lo que allí hacíamos, visitábamos y anécdotas varias que nos sucedían. La cosa es que disfrutaba anotando estas peripecias. Pero nuestro viaje de ocho días fue más corto para la bonita libreta. Ella se quedó en el quinto.
No os creáis que todo termina cansándome.
Empecé unos estudios y los terminé. Aunque eso sí, el último año de carrera estaba hasta la coronilla.
He acabado de ver muchas series, aguantando hasta el capítulo final. Aunque hace mucho que abandoné Cómo conocí a vuestra madre (cosa que no es mi culpa, en menudo pestiño se ha convertido).
¿Y qué hay del blog? Estoy tan sorprendida. Quién me iba a decir a mí que tres años y pico después, seguiría posteando como si no hubiera un mañana. Supongo que algún día me cansaré de ello, dados mis antecedentes... Pero, ¿cuándo? Hay días en los que, he de reconocerlo, pienso que esto es una tontería y una pérdida de tiempo. Sin embargo, unas horas después esa sensación desaparece. Se me ocurre alguna chorradilla sobre la que escribir o me veo mona en el espejo y me entran ganas de hacerme fotos.
En fin. Disfrutaré de ello hasta que esta afición sea sustituida por otra. Y espero que vosotros también. ¡No os canséis de Sommes Démodé!
Probablemente me cansaría de hacer esta lista y también la dejaría inacabada.
En ella figurarían múltiples actividades extraescolares que comencé de pequeña y no llegaron a buen puerto (ni a malo, simplemente a ninguno). Futbito, basket, ballet, tenis, atletismo, música... Podríamos decir que, a parte de que no estoy especialmente dotada para los deportes, es normal que estas cosas terminen quedando en el olvido como meras aficiones momentáneas. Nunca me apasionó ninguna de ellas. Sí un poco al principio. Luego ese interés inicial fue desapareciendo.
Algo que me molesta especialmente es dejar los libros a medias. Al menos puedo presumir de que no me pasa demasiado. No obstante, cuento en mi historial con algunos vergonzantes abandonos. Varios de ellos, para más inri, han sido regalos. Creo que toda mi vida tendré que soportar a mi padre echándome en cara el poco caso que le hice a "El nombre de la rosa". Lo he comenzado a leer tres veces, todas ellas sin éxito. O aguantar cómo mi novio devora antes que yo esos libros con los que me ha obsequiado y yo he ignorado durante meses.
Me gusta escribir (por si no os habíais dado cuenta). Muchas veces he iniciado algunos relatillos o diarios de viaje. Me entusiasman cuando escribo las primeras hojas, pero más tarde... se esfuma esa ilusión y me da pereza. La última vez que ocurrió fue en mi aventura neoyorquina. Llevé una libretita muy mona en la que apuntaba lo que allí hacíamos, visitábamos y anécdotas varias que nos sucedían. La cosa es que disfrutaba anotando estas peripecias. Pero nuestro viaje de ocho días fue más corto para la bonita libreta. Ella se quedó en el quinto.
No os creáis que todo termina cansándome.
Empecé unos estudios y los terminé. Aunque eso sí, el último año de carrera estaba hasta la coronilla.
He acabado de ver muchas series, aguantando hasta el capítulo final. Aunque hace mucho que abandoné Cómo conocí a vuestra madre (cosa que no es mi culpa, en menudo pestiño se ha convertido).
¿Y qué hay del blog? Estoy tan sorprendida. Quién me iba a decir a mí que tres años y pico después, seguiría posteando como si no hubiera un mañana. Supongo que algún día me cansaré de ello, dados mis antecedentes... Pero, ¿cuándo? Hay días en los que, he de reconocerlo, pienso que esto es una tontería y una pérdida de tiempo. Sin embargo, unas horas después esa sensación desaparece. Se me ocurre alguna chorradilla sobre la que escribir o me veo mona en el espejo y me entran ganas de hacerme fotos.
En fin. Disfrutaré de ello hasta que esta afición sea sustituida por otra. Y espero que vosotros también. ¡No os canséis de Sommes Démodé!
Quien seguro que anda algo más cansada del blog que yo es mi familia. Fotos por aquí, fotos por allá...
Eso sí, a juzgar por las imágenes gafudas, no lo parece;)
¡Besos para todos!













